Fue escrito el 11 de diciembre de 2013.
Lo dejo por acá, para reflexión de que, pasa los años y al parecer las sensaciones permanecen para los ciudadanos de a pié.
-------------------------------------- inicio -----------------------------------------
Quiero compartir contigo un pensamiento que me da vueltas en estos días y desde hace bastante tiempo en realidad. Lo considero importante sobre todo luego de la primera vuelta y mientras llega el momento de decidir quién será la próxima presidente de Chile.
Nuestra Constitución Política, que es la declaración de cómo queremos que se organice nuestra sociedad, parte diciendo que la soberanía reside esencialmente en la Nación, que su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y que ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercicio.
Tal vez por eso, una de las cosas que nos enorgullece como chilenos es la gran cultura cívica que tenemos. Vamos a votar ordenadamente porque sabemos y respetamos que, al momento de votar, nuestro voto vale uno. Es decir, que el voto del ciudadano rico es igual al del ciudadano pobre, que el de derecha es igual al de izquierda y un gran etc. de ejemplos equivalentes. Entendemos que hacemos un importante ejercicio democrático al final del cual se elige, por decisión soberana de los ciudadanos, al mandatario que nos regirá en distintos niveles: presidente, senador, diputado, concejal, alcalde, etc. Todo determinado por mayoría y votos iguales.
Y hasta aquí todo bien, democracia, igualdad, representatividad y participación. Por eso nos molestamos por quienes quieren cambiar nuestra sociedad pero no votan, nos preguntamos qué pasó con los jóvenes que convocaron Vallejos y Jackson pero que no votaron, y opinamos respecto del sistema binominal, la proporción de votantes cultos respecto de los incultos, analizamos la nueva proporción en el parlamento, y de manera natural y responsable participamos de una serie de reflexiones equivalentes en torno a este importante ejercicio electoral.
Ahora bien, resulta que las campañas hay que financiarlas. O sea, hay que ponerles plata. Y resulta que el principal origen de esos dineros no viene de donaciones públicas y abiertas sino de aportes reservados de las empresas y familias más poderosas del país. Eléctricas, bancos, pesqueras, mineras, el retail, etc. Si no me cree, busque el reportaje en CIPER Chile donde encontrará nombres y números. Tal vez no le parezca raro, pero por qué el señor accionista renuncia a sumas relevantes del margen de su negocio? Si piensa que toda esa fila de donaciones es generosidad o filantropía no se preocupe, no se dé el trabajo de seguir leyendo esto, vaya a ver un buen reality y sea feliz. Yo prefiero pensar que estas empresas invierten en política como un negocio más porque le dará dividendos mayores a lo invertido, es decir, que obtendrán un beneficio…
Así, parece que se arma el siguiente juego: Yo te financio la campaña pero acuérdate de mí cuando estés en el paraíso… Estoy diciendo que con esto necesariamente el programa de cualquier candidato fuertemente financiado deberá ser afín a los intereses del grupo o grupos financistas, o no meterse con ellos, o por lo menos hacerse el leso y no ponérsela más difícil, aunque corresponda. Y así, aparecerán los cursos de ética para altos ejecutivos, candidatos a senador con reproches serios a su integridad ética desde la misma Corte Suprema, cuestionadas condonaciones de multas a casas comerciales, universidades acreditadas a la chilena, leyes de pesca ad-hoc, etc. Pero también significa que el sistema político, que es el ejecutor representativo de lo que quiere esta sociedad, está fuertemente determinado por intereses de grupos poderosos, comprometiendo el proceso democrático en el que creemos todos e incidiendo para siempre en los temas que se abordan en la política.
Y parece que el trabajo se los hemos hecho tremendamente fácil, por lo menos por 3 razones:
Primero, porque tenemos un sistema binominal. Eso significa que elegimos a los representantes en el Congreso con un sistema que se diseñó para que los escaños se pelearan sólo entre los dos grupos políticos más grandes. Si bien esto aparentemente propende a estabilidad política, excluye a los grupos minoritarios que, luego de 33 años, la suma no es tan minoritaria. O sea que la población deja de sentirse representada por la clase política. ¿No se siente interpretado con esto?
Una segunda razón de por qué se los hemos hecho fácil es que nuestro sistema, orientado al gasto, da la sensación de bonanza y prosperidad aunque la mayoría de las personas no repara en la suma de las cuotas de sus créditos ni en cuántas veces su sueldo está endeudada ni en lo efímero de sus trabajos (adivine a qué grupos económicos al final le debe la plata: si, Son los mismos !!!). Así, nuestra “emergente” sociedad de consumo, con niveles record de endeudamiento se debate entre morir ahogada en sus compromisos económicos y la lobotómica mediatización que nos mantiene tan entretenidos con nuestros bienes de consumo, plasmas, realities, la Wii, el celular de otro mundo y parecerse al ídolo de turno, que no nos hemos dado cuenta que desde que nos sentamos a descansar en nuestra efímera comodidad, nos han arrebatado la dignidad como nación.
Y qué pasa con los que no pueden acceder al crédito o la educación o la inclusión en esta sociedad de becerros de unos pocos grupos? Fácil, quedan fuera. Se les cierran las puertas de la educación, del trabajo, del crédito, de desarrollarse como ser humano, de proyectarse y de vivir. Por eso existe gente que le quiere arrojar un jarro de agua a un ministro de estado, o escupo al presidente o que busque medios alternativo para sobrevivir. ¿O Ud., cree que la penetración de las drogas duras es por culpa de los narcos extranjeros solamente? ¿O que los pobres son pobres por flojos? ¿O que la delincuencia se crea por arte de magia? Esta sociedad ha creado los monstruos que nos atormentan. Y si no le atormentan, léase en internet la entrevista al brasileño “Marcola” a ver si puede dormir.
La tercera razón está en la duración de los gobiernos. Cuatro años no parece suficiente para desarrollar una política de Estado con pies y cabeza. Está tan poco tiempo la administración de turno que termina dedicándose a “hacer cosas”, pero no a planificar y echar a andar una política de largo plazo que beneficie a la Nación. Resulta entonces más beneficioso – en el corto plazo -, poner al ministro con la sonrisa más bonita o al que hace más cosas sin definir qué cosas. Y si se demora mucho o se cae, se cambia. ¿Quién gana en todo esto? Claramente ni Ud. ni yo, sino quienes tienen planes de más largo plazo. Si, esos grupos de los que le hablé más arriba.
Al parecer, vivimos en un país que no tiene mucho de soberano. Cuando vamos a la urna no estamos eligiendo qué lado llegará al poder, porque el único lado que tiene el poder en nuestra sociedad ya ganó la elección “aunando voluntades” entre los candidatos que el binominal vaticina como dominantes. El poder de nuestro destino, identidad y dignidad nacional pertenece a un sector que los transará en la bolsa para sacar dividendos para sí, generando males sociales (cachitos) que el Estado debe arreglar o tratar de arreglarlos. No es justo.
Alguien podría decir que lo mejor es poner AC en el voto y así cambiar la Constitución…. ¿y con eso el poder emanará mágicamente de la gente digo yo? Parece que no. Parece que esa asamblea constituyente necesariamente estará compuesta por los actuales “stakeholder” de nuestra sociedad, parte importante compuesta por sus financistas… Entonces poner AC no es suficiente, se necesita algo más porque la mano invisible de Smith no es ecuánime; tiene ojos, objetivos y mano de gato. Si el Derecho no es otra cosa que la implementación del poder, parece que tenemos un Don Problema.
Con todo, quiero pensar que la batalla por una democracia de verdad no está perdida. Nuestros antepasados se batieron en armas por obtener derechos que hoy damos por nuestros, sin pensar en la sangre que se derramó para ello. Hoy las armas son otras y la cancha en que nos debemos mover también. Luchar por una democracia desde las personas que la quieren es honrar a nuestros antepasados y dignificar nuestra existencia con un sentido superior y una búsqueda de la soberanía real.
Como ciudadanos, primero que nada, debemos tomar la responsabilidad de ser activos en la búsqueda de la democracia: DEBEMOS IR A VOTAR !!!! Si Ud. no vota es un imbécil porque le deja el destino de la nación a otros. Está siendo irresponsable con su futuro y con sus hijos. Está deshonrando a sus antepasados y, por todo lo que ya le conté, muestra que su cerebrito no le permite ver mucho más allá.
Pero también debemos propender a una clase política pluralista, que pueda representar a los votantes. En chileno: sin binominal. Después de años, y a costa de muchos compatriotas, nadie duda del poder de los procesos democráticos. Hagamos ahora que sea una democracia representativa. Es decir, que represente a toda la gama de intereses que hay en una nación efervescente en ideas e intereses. Sólo así podremos incluir a los excluidos y, desde la mayoría, crecer pero con todos.
También, y más claro que nada, debemos luchar por una ley de donaciones draconianamente transparente. El anonimato ayuda a conformar el delito de minar las bases de nuestra democracia dejando el desarrollo de nuestra sociedad a merced de gente a la que no le importa.
Finalmente, pienso que la existencia de una ley de transparencia en el Estado, que nos permite a Ud. y a mí informarnos de primera fuente, de mantener el aparato estatal en una mejora continua y a detectar cuándo, cómo y quién ha abusado de su influencia a costa de lo que tanto queremos, es una herramienta que debemos usar en pro de la ciudadanía.
Al final, mi invitación es a difundir esto y a luchar por lo que todos queremos: el derecho de vivir en paz.
Fernando Flatow
-------------------------------------- fin -----------------------------------------
(El titulo fue cambiado a posteriori .. definitivamente, algo mucho mejor)